TERCERA EDAD AL VOLANTE
Para Aitor conducir ya no es lo mismo. Ya no le resulta tan fácil; de hecho, le ha dado varios golpes al coche por errores de cálculo y su hija le ha manifestado su preocupación porque últimamente invade el carril contrario. Aitor tiene 77 años y aunque se siente bien, ha perdido la agudeza de muchas de sus facultades como resultado del proceso normal de envejecimiento.
Si bien estudios médicos sugieren que las habilidades de conduccíon de las personas mayores comienzan a deteriorarse después de los 60 años, también es cierto que éstas, varían considerablemente de un individuo a otro. Lo importante es que los conductores que entran en esta etapa de la vida sean honestos consigo mismos y se pregunten si sus capacidades les permiten ser conductores seguros tanto para quienes van junto a ellos en el coche como para los otros conductores y los peatones.
Normalmente esta preocupación ronda a los miembros de la familia: esposos, hijos, hermanos e incluso nietos quienes perciben el detrimento físico en sus seres queridos y, como consecuencia, cuestionan la conveniencia de tenerlos frente al volante. Cuando llega el momento de enfrentar el tema es mejor evitar criticar al adulto mayor con palabras ofensivas que lo hagan sentir atacado. Por el contrario, la familia debe expresarle su inquietud con palabras cálidas y ofrecerle alternativas diferentes para satisfacer sus necesidades de movilidad.
Otra forma de aproximarse a este conflicto es indirectamente, haciendo referencia al caso de algún vecino o amigo que dejó de conducir e invitando a la persona a reflexionar sobre su propia capacidad para llevar a cabo esta tarea.
Existe una razón para abordar este tema con tanta delicadeza, y es que más que un acto práctico en el que se presionan los pedales y se le da vuelta al volante, para los adultos mayores el hecho de conducir puede estar asociado a sentimientos de competencia e independencia. Como dice Aitor, “hay vueltas que hago a pie, y otras a las que voy en coche, como ir a tomar un café o jugar a las cartas con mis amigos, llevar a mi señora al modista, o ir al médico en mis propios horarios sin tener que depender de nadie”.
Signos de la edad
Existen varios factores físicos vinculados con el envejecimiento que afectan la capacidad de manejar. Uno de ellos es la disminución de la capacidad visual que se manifiesta en una alta sensibilidad al brillo de la luz y en problemas de enfoque que dificultan la percepción de distancias, velocidades e incluso de profundidad. A esto se suma la falla en la visión periférica y algunos defectos refractivos como la miopía y la hipermetropía o enfermedades como el glaucoma, la degeneración macular y las cataratas que nublan la visión.
Simultáneamente con esta condición se puede presentar una pérdida considerable de la capacidad auditiva, un factor de vital importancia a la hora de manejar pues proporciona información adicional de la que se capta por medio de la visión, y es que oír la sirena de una ambulancia, los pitos que indican señal de alerta o el sonido que producen las llantas cuando frenan en seco, son pistas más útiles de lo que muchos imaginan.
Por otro lado, en algunas personas las articulaciones suelen endurecerse y los músculos, debilitarse, a esto contribuyen malos hábitos de vida como sedentarismo, consumir alcohol en exceso y fumar. Esta condición puede dificultar algunos movimientos como la capacidad de voltear la cabeza para ver hacia atrás o girar el timón rápidamente. Por eso una buena recomendación para conductores de todas las edades es mantener en forma los músculos del cuello, los hombros y los brazos por medio de ejercicios para incrementar su fuerza y, sobre todo, su flexibilidad.
Ahora imagina que el conductor que va delante frena intempestivamente. O que la calle por donde piensas girar ha cambiado de sentido y estás a punto de quedar en contravía. Para manejar de forma segura es especialmente relevante que el conductor reaccione de manera ágil, que pueda tomar decisiones rápidas mientras conduce para evitar un accidente. Con la vejez y con otras condiciones ya mencionadas, como el sedentarismo, el consumo de alcohol y la falta de práctica, se pierde parte de esta capacidad de reacción, o por lo menos se hace más lenta así como los reflejos. Por otra parte, se ha demostrado que algunos problemas de salud pueden dificultar la tarea de conducir un vehículo. Ejemplos de ello son la enfermedad de Parkinson, el Alzheimer, las lesiones causadas por accidentes cerebrocardiovasculares y la artritis. Adicionalmente, algunos de los medicamentos para tratar éstas y otras enfermedades tienen efectos sedantes y pueden llegar a afectar la percepción sensorial y la capacidad de reacción de quienes los toman.
¿Qué dice la ley?
Si bien es España la ley establece que después de cierta edad –que suele ser los 65 años– el permiso para manejar se debe renovar con más frecuencia; es decir, de períodos de diez años, la refrendación pasa a ser cada cinco o tres años, previa valoración médica.
Las medidas en cuanto a la capacidad de conducción de los adultos mayores varían de un país a otro. Así, por ejemplo, mientras en Austria no se les exige renovar el carné ni pasar controles de salud, en Italia quien no acredite las condiciones necesarias para manejar debe pasar por un chequeo médico completo. Por su parte, las autoridades de Japón animan a los conductores de más de 65 años a entregar su permiso de conducir a cambio de múltiples beneficios, como descuentos en establecimientos comerciales y mejores tasas de interés en los bancos.A pesar de las diferencias entre una y otra legislación, lo cierto es que el paso de los años llega con ciertos deterioros de las capacidades físicas y psicológicas en todo ser humano. Ante esta realidad, lo recomendable consiste en reconocer estas limitaciones y los familiares, hablar con los adultos mayores para que decidan entregar el pase.
Test de autoevaluación
Si sospechas que has perdido algunas de las facultades necesarias para conducir, lee con atención el siguiente cuestionario:
- ¿Has tenido más de dos percances en el covhe o accidentes, así sea una abolladura, en el último mes?
- ¿Es frecuente que otros conductores te piten o te llamen la atención por tu manera de conducir?
- ¿Te has perdido recientemente, incluso por las rutas que solías conocer?
- ¿Tienes dificultades para calcular las distancias?
- ¿Te cuesta trabajo mover el pie entre el acelerador y el freno o confundes los dos pedales?
Si respondiste afirmativamente a varias de las preguntas es posible que necesites considerar la opción de entregar las llaves.